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07.02.2011 | Por Ernesto G. Niethardt

La sociedad de hermanos: Destino, suerte, reto o problema

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Pasar exitosamente de la generación del fundador, donde hay un solo mando y propietario, a la siguiente generación, con una propiedad y mando compartido, constituye no sólo un reto empresarial, sino también un desafío humano y familiar. Muchas empresas donde los hermanos se ven obligados a compartir la propiedad, gestión y poder terminan mal. A veces esto se debe a que se sienten atrapados por lazos emocionales y económicos en una situación que no tienen más remedio que aceptar.

A veces se encuentran casos donde la convivencia de los hermanos se hace imposible debido a que no existe un sueño compartido, no existe ningún tipo de liderazgo y la toma de decisiones se hace cada vez más difícil. La ilusión, el entusiasmo y el compromiso no existen y falta la confianza.

Sin embargo también existen muchas empresas familiares donde los hermanos, ya sea por herencia o por propia iniciativa, comparten en armonía un proyecto empresarial común. En estos casos siempre suele ponerse de manifiesto la existencia de la confianza, el cariño, la comprensión, el compromiso, la solidaridad, la generosidad y la tolerancia, tanto para celebrar los éxitos como para perdonar los errores.

Existen algunos factores que contribuyen al éxito de este tipo de empresas, que cuando no existen, muchas veces las llevan al fracaso. Entre ellos podemos mencionar: a) la generosidad entre los hermanos para compartir los éxitos y fracasos, ayudarse y apoyarse mutuamente; b) la tolerancia y el respeto mutuo para aceptar las diferencias; c) la libertad para que cada hermano pueda elegir participar o no en la empresa y desarrollar sus inquietudes y preferencias; d) el compromiso con la empresa familiar por encima de los intereses individuales; e) la dedicación y disponibilidad para sacar adelante el proyecto común; f) el reconocimiento y complemento de las diferentes capacidades personales, como un aspecto positivo que agrega valor a la empresa; g) un liderazgo aceptado como el resultado de una preparación y competencia profesional, ejercido de manera flexible y generosa, aceptado más como una carga que como un derecho; y h) el sentirse más como custodios que dueños  de la empresa familiar recibida, para traspasarla a la generación venidera.

Las sociedades de hermanos que funcionan generalmente han aprendido a compartir y disfrutar sus logros, luchando por el proyecto común desde la unión, pero sin restar valor al debate y discusión de los temas importantes de una manera abierta y sincera.

Por el contrario, cuando los hermanos se sienten obligados a compartir la propiedad y la gestión de la empresa que heredaron sin compartir un interés común, con ambiciones y estilos de vida diferentes, peleando por cuotas de poder y el interés individual, las posibilidades de supervivencia se reducen dramáticamente.

¿Qué puede suceder en estos casos? Se puede intentar trabajar en equipo estableciendo normas, reglas y procesos que pongan orden y posibiliten la resolución de los posibles conflictos. Esta es una solución que funciona en muchos casos cuando el liderazgo se ejerce con inteligencia y generosidad para no caer en situaciones de vencedores y vencidos, lo que la haría inviable a largo plazo.

También se puede dar la aceptación del liderazgo de alguno de los hermanos como último remedio. En estos casos suele no haber problemas mientras los resultados económicos de la empresa sean buenos. Cuando esto no sucede así, muy posiblemente surjan los conflictos y se generen situaciones de posibles rupturas y divisiones.

En otros casos, cuando los hermanos no pueden separarse, se establece una situación de  status quo, donde los hermanos conviven mandando cada uno en un área de la empresa, que se convierte en un territorio propio. Entonces a la larga, lo que peligra es la continuidad. En estas circunstancias, cuando los hermanos no trabajan en equipo, aprovechando las ventajas de cada uno, habrá que explorar con tiempo una variedad de opciones como: la compraventa entre ellos, delegar  la gestión a directivos no familiares, o hasta la venta de la empresa a terceros.

La “vacuna” que evita estas patologías que destruyen las sociedades de hermanos esta compuesta por importantes dosis de respeto, generosidad, paciencia, austeridad, sentido común y un sueño compartido.

   
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